Por Arianne Cristiel

El Kitsch es una palabra alemana de uso universal que se popularizó a finales de los años veinte para definir una estética vulgar y pretenciosa. Mucho se ha escrito sobre este concepto, pero lo cierto es que después de más de cien años de historia todavía seguimos ante un término difícil, por veces ambiguo, que desata polémica allí en donde se nombra. Son muchos sus detractores, pero también son muchos sus defensores.

La palabra Kitsch aparece por primera vez cargada de connotaciones negativas en la Baviera de Louis II. Son tres las hipótesis que nos explicarían el significado original de este término, y tres también en las que encontramos una idea peyorativa de este estilo visual tan variopinto.
Foto: Cortesía de Arianne Cristiel

Por un lado, los estudiosos lingüistas han determinado que la palabra kitsch viene del verbo alemán Kitschen que significa “recoger basura de la calle”. Por otro, que viene de la mala pronunciación de la palabra inglesa Sketch y finalmente que su origen podría estar en el verbo alemán Verkitschen que significa “vender” o “vender algo por debajo de su precio” siendo esta última una idea muy próxima, ya que, sin lugar a dudas, el concepto es inseparable de la industria de consumo.

Foto: Cortesía de Arianne Cristiel
Es también el siglo diecinueve y parte del siglo veinte, donde, por unanimidad, muchos eruditos y estudiosos convergen en la idea de encasillar esta nueva forma de hacer como un arte inferior, frente a obras ‘superiores’ con más alto valor ético y estético. Una verdadera campaña clasista y elitista. Todavía, y después de tanto tiempo, el diccionario de la Real Academia Española define al kitsch como una estética pasada de moda, pretenciosa y considerada de mal gusto, aunque no es precisamente Kitsch la palabra que usa este idioma para definir estas ideas.