Por Romina Tumini

Hacía tiempo que tenía curiosidad por conocer la Feria del Libro de Frankfurt. Y qué mejor ocasión que este año en que España era el país invitado y vendrían tantas autoras que leo y admiro.

Así que hice un hueco en mi calendario y me aventuré. Llegué el día de la apertura. En mi camino desde la estación a la feria admiré el contraste de la sólida arquitectura del siglo pasado con los modernos gigantes de vidrio y metal. Me cortó el cruce de la avenida una interminable procesión de vehículos policiales de todo tipo; autos, camionetas, motos. ¿Quién sería tan importante para merecer semejante escolta? ¡Nada menos que los reyes de España que habían venido a presidir la inauguración de la Feria!

Feria del Libro de Frankfurt. Foro Cortesía de Romina Tumini
Como había imaginado, se trataba de una exposición enorme y bien organizada. Me sorprendió el gusto modernísimo y la creatividad con que fueron construidos y decorados los espacios interiores de la feria. Lejos del cuadriculado habitual, había salas circulares y ovaladas, delimitadas solo por géneros colgantes como cascadas de letras, palabras y color, que cobijaban en una suerte de capullo o crisálida las diversas actividades que se desarrollaban allí dentro. Serpientes multicolores de gomaespuma se entrelazaban creando nidos para que los visitantes pudieran sentarse o recostarse. Blandura de formas y fiesta para los sentidos con una clara invitación a lo lúdico, a lo artístico. Había lectores y autores encontrándose, disfrutando relajados; editores, traductores, agentes negociando derechos; literatura de la buena transgrediendo las fronteras. Maravillaba ver a los objetos literarios tratados con el respeto y la delicadeza que se merecen, y respirar el olor a café, a otoño, a libro nuevo que se abre…
Las actividades se desarrollaban en forma simultánea, así que había que elegir. Capturó mi atención el panel de dos grandísimas escritoras hispanófonas, una argentina y una española, cada una presentando su libro y compartiendo experiencias, moderado por Juan Casamayor, de “Páginas de Espuma”, una editorial dedicada a los relatos. Clara Obligado, radicada en España desde que la junta militar Argentina la empujó al exilio, presentó su libro “Todo lo que crece”, nacido en la pausa forzosa de la pandemia. Se trata de una obra peculiar; híbrida, en tanto flirtea con los límites de varios géneros literarios como el ensayo, el relato y la poesía. Una maravilla que atrapa al lector desde el principio haciéndolo transitar con mirada de lupa por las pequeñeces que crecen en nuestro jardín; patitas, alitas, nervaduras y pétalos, que a la vez dialogan con nuestros procesos de crecimiento y maduración
Clara Obligado Foto cortesía: Romina Tumini
Durante la charla la autora cuenta que todos los días se levanta con el propósito de transformar la literatura —y por qué no—, cambiar el mundo. Escruta a su auditorio —con ojos de saber mucho más de lo que dice—, adivina lo que piensan y sonríe. Quien ha leído su obra sabe que es cierto, ella se atreve a plasmar algo nuevo en su libro: aúna lo cotidiano con lo erudito, lo pequeño con lo macro y lo efímero con lo trascendental. (Una mariposa vive tal vez un día, pero, quien ha sentido a una posarse sobre su rostro en una tarde soleada, lo recuerda para siempre). Su libro se lee en muchas capas y todas valen la pena.
Cristina Fernández Foto cortesía: Romina Tumini
Cristina Fernández Cubas es para muchos “la mejor cuentista de la literatura española”, y sin dudas, una precursora. Cuando ella comenzó a escribir solo contaba la novela, pero ella apostó al relato, defendiendo su derecho de existir como género propio y singular. Ha escrito —además de novelas y obras teatrales— numerosos libros de relatos de los cuales “La habitación de Nona” es el último. Su prosa tiene el efecto de un reguero de pólvora, corre chispeante y precisa sobre las páginas sin dar tregua a la curiosidad del lector, que no logra dejar de leer hasta que llega al punto final. Sin dudas, una maestra.

He aquí dos libros notables y dos autoras a las que vale la pena descubrir,  y aunque la feria de Frankfurt ha tenido muchas otras maravillas y actores destacados, yo me llevo a casa estos dos tesoros.